Refugio



 En una esquina del infinito aguardaba tu silencio... Me esperabas en un tiempo que no transcurre, donde se desvanecen las despedidas. Se quedaron tus ojos habitándome el alma, la punta de tus dedos bailando en mis manos.                                                                                         
 Allí te imaginaba, en los azules translúcidos de la memoria. Te buscaba en cada nube, me arrullaba tu voz que nacía de las olas. Eras espuma y caracol, brisa cálida que arropaba la nostalgia de tu presencia.
 Te hiciste luz en el salitre que cubría mis labios. Eras la paz en el fondo del océano, el aire que alimentaba el renacer de los sentidos, el sol que me pintaba de dulces aromas la esperanza de tu regreso...
 Te regalo mis sueños de horizontes compartidos, de noches boreales y días de luna. Sabré reconocer tu esencia diluída en resplandores eternos. 
 Desperté en la montaña que cantaba tu nombre. Renací etérea, sublimados los colores, desafiantes los sonidos, desterrado el miedo. 
       Soy  de nuevo tu refugio
                        son tus labios mi hogar...

Texto: Patricia Michelangeli / Imagen: Fco